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Alguien que no era él,
ni siquiera era yo,
quiso gritar mi nombre.
Carmen me llamo
nadie me nombra.
Un rostro de tenue sonrisa,
corazón abierto,
semblante labrado,
terrible esperanza,
tristeza del caminante.
Llego llorando,
beso su boca,
abrazo un suspiro,
miro al horizonte,
no se sabe donde
perdí la memoria.
Si alguien quiere
o sabe otro nombre
¿qué miseria regalarme?
Llega hacia mí, me da,
no pide nada a cambio,
¿si alguien quiere?...
Hasta el cuerpo cambia
con el pasar de los años,
desde el odio te veo distinto,
inmerso en el sonido del trueno
secreto de cifras escondidas.
Nadie es lo que parece:
pronunciar la justicia,
reverdecer las palabras,
cerrar los ojos a la noche,
amordazar los labios...
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