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lunes, 04 de junio de 2007 |
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A mi hija Sandra Gómez Ortigosa
En su 28 cumpleaños
Despierta el cielo con destellos naranjas,
relámpagos sonoros anuncian el comienzo,
apenas una lluvia cálida moja tu perfil
en el apresurado desván donde guardas el paisaje.
Aún tienes alborotado el pelo en cascada sobre la frente,
con esa rebeldía de no dejar caer la última gota,
que no cesa en su intento de resbalar hacia el infinito
buscando acomodarse en un lugar del mundo.
Emerges de un atrevido sueño
abrazando la cosecha de trigo dorado.
Amparada en las alas, tensas los tendones
a dentelladas con el pacto del tiempo.
El tropel de tus labios rodea las palabras,
habla de secretos inconfesables,
de otros mundos coloreados de versos
tolerando la cadencia de los relojes.
Tras el musgo verdín a la carta
estallando en los pliegues del deseo,
es la llamada de la sangre,
que empuja el comienzo del día... cada vez...
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