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martes, 10 de octubre de 2006 |
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Se ha desgarrado la piel que cubría el agujero negro
en un estertor que pudo ser palabra, sonido de nadie.
Rodé de tus labios hasta el lado oscuro de tus brazos
temblando en el círculo ambiguo de tu sexo.
Mis sentidos disueltos entre la lluvia que arrecia
quedaron esparcidos entre los pétalos abatidos de las rosas.
Las cadenas marcaron mi carne, entre los muros que nos distancian.
Soy por mandato del amor humano, hombre que escribe su página.
¿Qué hacemos cada uno en una esquina opuesta del mundo?
Cada gota del sudor de tu frente, es un beso que te ordena mujer
en la escala que lleva a otros mundos, fuera del cotidiano peldaño.
Comeremos el pan que no satisface el hambre,
que mantiene los latidos dentro de los pulsos.
El futuro dejó los ojos alerta regalando la voz
para inventar sonidos sobre el cuerpo desnudo,
enhebrando el atardecer a la hora del inicio,
testigo mudo que goza en el abrazo.
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