|
Separo tierra de mar tendiendo un puente,
nada entre tu margen derecha y mi frente.
Nada que perder en este viaje,
sutil equipaje de palabras
y en la memoria la torpeza.
Atravieso el halo del agua
a zancadas sobre la proa de mi nave.
Evoco la calle donde te esperé cada día
inventando sueños donde otros ya vivieron,
teniendo la certeza de que seré un despojo.
Nuevos renglones me hablan de la rapidez de flecha
que tiene mi lengua cuando recorro tu cuerpo.
Ya nada será igual después del lenguaje del amor,
resplandor en el nuevo destino.
El tiempo sopla tañidos de eco.
Giro hacia el norte de heladas manos
capricho de los goznes en el girar alocado.
Doy la vuelta en medio de tus pupilas
que se clavan en mi escote,
explorando canciones de avenida.
Llego a otro mundo donde los labios
trabajan los besos haciendo senderos
desde el cuello a la base del deseo.
Melocotones... ciruelas...
Dulce néctar de besos encontrados,
túneles excavados en la piel,
jardín de amor con la necesaria flor de invierno.
Cálidas esferas que ciñen mi cintura
en un chasquido que de humano se inventa cada día.
|