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Madrid, 30-4-08
Este instante es el propicio.
Insaciable sed de morir en tus brazos,
traspaso la frontera de la frágil memoria.
Me voy esparciendo entre los últimos
pliegues de las sábanas
antes de que me envuelva la noche.
¡Ven aquí!
Lame el borde de mis labios,
no esperes la sentencia del tiempo
trepa entre mis piernas,
vulnera hasta la última fibra de las quimeras.
Escribe de esta noche irrepetible,
del sonido del corazón que bombea,
de la rosa despojada de sus pétalos.
Después de la muerte, mujer,
después del amor labios de orquídea trémula.
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