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jueves, 16 de febrero de 2006 |
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Acarician las mejillas
palabras de gigantes
que apaciguan ansias,
en dulce piel de versos
dan cuenta de lo acontecido.
Braceros de mies
cabalgan al eco
del poema desconocido,
recolectando almas
al dorado sol
de las estatuas tardías.
Dibuja la tierra
un lienzo de capricho
con pechos de corsarios
y enaguas de virgen.
Habla la soledad
con la noche de tu edad
convienen que son palabras,
ecos indescriptibles
rondas nocturnas.
Da la bienvenida al futuro
a la vida que engendra otra,
al paisaje y los cuatro vientos
agitando las costillas
en aire que mueve el pecho.
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