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Cae la tarde en cobre y oro.
Luces que de rojo
encienden brasas en los ojos,
alquimia sobre el papel.
Sorprende a los amantes,
piel sobre piel en un suspiro
tallando besos en el infinito
con labios acompasados.
La noche llueve
lágrimas de olvido.
La página en blanco se estremece
haciendo cosecha de invierno.
Es la soledad honda,
cuando me desnuda en palabras
al cobijo azul de la noche,
que desgrana sueños.
Mezcla de cuerpos
sudor que sobrecoge.
Qué sola la luna
brilla en su tristeza.
Cuelga del horizonte
un cascabel de manos
que palpita en sangre
raptando la memoria.
Deprisa, deprisa
la noche es mentira
se hizo de hojas secas,
engarzadas en la duda.
La muerte abraza mi cintura
no habrá nadie para recogerme.
Es un amor de tiempo pasado
me cegó el día cuando amanece.
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