|
martes, 25 de mayo de 2004 |
|
No le digas a nadie mi secreto,
es tan inconfesable
como el miedo que aúlla en las ventanas
capaz de encoger los ojos como rayas.
Llevo llanto como agua destilada,
que se extiende despacito por mi cara.
A nadie le sorprende el cascabel
de la carta nunca enviada.
Podía hablar de ti, al otro lado de la puerta
o de mí, de este caudal de río bravo
o de otra brisa oscurecida que arreciaba
almidones sobre mi almohada.
Aunque los conocí hace siglos
no sé dónde andan escondidos,
esos anhelos de mi suerte
esa patria de piedra enmohecida.
Si te leo en mis versos,
que soy niña, que estoy sola,
no me creas si te digo
que navego sin brújula ni guía.
Estoy sumergida en una ola
me mueven las aguas, los vientos
las mareas, la arena,
y los trinos de los pájaros
anunciando otros encuentros.
|