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Madrid, 10-6-09
Para Mª José Vaquero
Tejiendo verbos
enlazados en simientes,
hacemos de miel y trueno,
lluvia que cuelga de los árboles,
caderas matemáticas y odres de piel.
Sueños de terrones de azúcar
madrugando albores,
marcando la pequeñez del hombre
que se mira en la dorada mies,
mientras el aire se extiende sobre los campos,
meciendo la cabellera lánguida.
Perdona si no te atuso el cabello,
empeñé las manos en sustituir estrellas.
Perdona si me detengo en tu aliento
cuando pronuncio las cálidas estelas de tu nombre,
pero hoy el miedo ha arrancado las ventanas
y el sudor cuelga de la fachada de la casa,
como un mugriento estallido.
Mientras, el aire que circula entre puertas y garrones
ha dejado pasar el ciclón, sin mover los muebles de la casa.
Pasos en la estepa, huellas de zapatos de bailar,
andar circular con el sonido del viento,
como una ráfaga honda y precisa.
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