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La calle del quinto emperador |
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Madrid, 3-3-09
Siento el temblor de fuentes y aceras
migrar de palabras que limpian las bocas,
¿Qué precio pagaré por alcanzar el nácar de tu frente?
La pulida razón de virar en punto exacto.
Es solamente que te quise en la memoria remota,
sobre aguas turbias de caudal meloso.
Hube de remar en naves de papel,
cuerpo a cuerpo sobre los humedales,
gastando mi sangre gota a gota,
reconquistando el lugar del mundo preciso
para separar cuerpo de sombra.
No quiero envolver estas manos en esparto
cuando las ofrezco como recompensa
de haber pervivido en tantas batallas.
No quiero ofrecer estos labios
que besaron tantas muertes
porque el humo se desvanece
con un bostezo del viento.
Habito en otra calle desalojada de duendes y emperadores
donde transcurren los días
midiendo el horizonte, a cuartas, con las palmas de las manos.
Ignoro mi altura para besar la risa de las nubes,
para cantar como la lluvia sobre las tejas,
para deslizar mi cuerpo en lágrimas de despedida,
porque sé que soy una cosecha que llegó de una semilla.
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