|
jueves, 10 de marzo de 2005 |
|
Tejiendo un cordaje de voz y truenos,
emergen lágrimas de un caudal sin lengua.
El frío paga con su canción de espera,
los huesos tensos se despegan de la carne,
arde de coraje piel y piedra cada vez que te nombro.
Me dejaré caer sobre torrentes de lluvia,
perdida a un palmo de tu boca sin saliva.
Me aplastará el universo contra tu frente.
Los caminos que tracé se hicieron polvo,
negro néctar, ni rozó mis labios.
No habría lugar donde esperar la muerte,
las incógnitas se desprenderán del vahído de tu voz.
Llegó el día y desapareció el espanto,
la espera se quebró en una palabra.
Después de ti no habrá llanto,
un mar de esmeraldas lavará mi espalda.
Y te besaré en el beso,
y te reiré en la risa.
Será vivir al otro lado,
al abrigo de otros nombres.
|