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domingo, 25 de septiembre de 2005 |
Cuando tengo silencio lo escribo,
despliego lágrimas y te espero.
Con el sopor del verano
la costumbre se sienta a mi mesa,
come avarienta de mis palabras,
paladea con mi tristeza las sobras,
destruye mis huesos macerados
hasta convertirlos en un charco
donde se estremecen mis pies,
que gotean trozos de silencio
y caen en cascada por mis talones.
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