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Madrid, 15-4-09
Te encuentro en la soledad de espumas vencidas
en cada hambre de banderas desmembradas
pidiendo una muerte aplazada de pedernal.
Pero hay tanto miedo que las intenciones naufragan
en la tarde de pereza infinita sin ti.
Despliego el verbo amar, amor,
para sostener lo insostenible
para tener lo que no existe.
Mientras tus labios marcan mi piel a fuego
como tea incandescente
que se aviva azotada por los vientos.
En esta canícula me entrego a ley de la tierra.
Me abrasa el silencio ladrón de media tarde
mientras las horas me sacan de quicio
para caer de un cielo que agoniza en su luz.
Así voy recogiendo efímeras eternidades
distancias flexibles entre venas y cráneos
desmadejando el oxígeno necesario
para una nueva entrega.
Tras estas caricias
hubo amaneceres y muerte
noches sin sus días
y tantos besos...
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