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A tiempo, como el trigo y la rosa, Carmen se muestra satisfecha como
enamorada magia de la noche.
En el poema Desviando la mirada, dedicado a Miguel Oscar Menassa
nos marca su posición: Hoy bailo esta danza de colores salvajes/ al oído del
tiempo. El color y el tiempo invaden sus versos, consiguiendo unir en esa
conjunción un propósito de vida: Es la edad de la senda/ cuajada de hoja de
otoño/ no desvío la mirada/ está inmersa en la explosión del color.
Como si de un despertar se tratase, sus poemas descubren palabras unidas
a otras palabras pero ella duda ¿Será posible despertar?/ Tendré que
arder en la palabra. Morir para ser en cada verso, ante la precaución
precisa que el poema ofrece, voz del poema, arrebato de pasión.
En Permiso para vivir confiesa: Con más amor que versos/
recorro el diálogo/ y aúno las palabras, despacio, / que no se rompan.
Delicada aunque firme en sus convicciones reconoce que el poema por más
que rezume aromas de distancia, esta vez lleva su nombre.
Era la primera vez, nos dijeron y, nosotros las creemos porque
siempre es la primera vez: Con la piel rozándose a cada instante/ fusionamos
letras y color/ fuego de luz en tus ojos, poesía.
Felicidades a ambas.
Magdalena Salamanca
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