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Volar amarrados a la voz bajo el crepúsculo del amor, entre cada uno de
los poemas y así bucear tu vientre, paraíso nocturno.
La primera sección del libro Crepúsculo de amor de Mónica López
Bordón nos muestra que apuesta alto, comienza con un órdago con el que intuimos
la ambición de esta poeta que no decae en todo el trayecto.
Incluso termina la sección con un hermoso ejemplo donde nos confiesa: Cada
vez me voy inclinando más sobre la hoja/ es la entrega de la sangre.....Ahí soy
la poeta que ama, y montada en esa frase llega al final "a ella nunca,
nadie la alcanzará".
Lo sabe, la escritura es inmortal, el hombre no. Así que para sostener
tan grande ambición hay que tener también gran capacidad de trabajo, cosa que
demuestran ambas en este libro.
Lo más indicado es escribir, entregarse y, para ello, aprender a soportar
la angustia previa a la creación. Mónica nos muestra el camino, nos explica en
diferentes versos cómo llegar hasta el poema: Escribo en tus alas mi nada/
mujer invisible, Devoro los itinerarios de nuestros viajes, Vencida al
viento sordo/ escribo un poema.
Mansamente, eclipsada por el esfuerzo, pero todavía con fuerzas, se
atreve en el que da título al libro a juzgar a los dioses, a denunciar sus
acciones, cual mirlo blanco que despliega tímidamente sus alas para conjugar,
con voz temblorosa ese verso que sentencia.
La segunda sección Amarrada a tu voz de Carmen Ortigosa comparte
similitud y antinomia con la primera parte, mismo taller, mismo coordinador,
pero diferente poesía, diferente poeta.
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