| Presentación Magdalena Salamanca |
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Dos secciones y un epílogo componen la estructura de un libro color piel, tez sonrosada como el reflejo que desde la foto de contraportada podemos percibir en los rostros de las autoras. Dos sonrisas producidas desde la escritura, para coronar 7 años de trabajo en uno de los talleres de poesía Grupo Cero. ¿Qué es la poesía sino producto del trabajo? Ese trabajo que se realiza en cada poema y que, además, se convierte en desafío, abismo trepidante para el lector. Era la primera vez, nos dicen. Nacidas con la publicación de este libro, esconden la piel en él y desde ahí, con la complejidad de lo escrito, reconocemos estos versos como punto para embarcarnos en el azul de sus páginas: Estallido de formas,/ nuestro nacimiento,/ perdurará en el vuelo de los pájaros. Investigadoras de los devaneos de la palabra, diseccionan con pulcritud milimétrica un cadáver exquisito que sirve de cruzada. Desde el deseo consiguen enhebrar rayos de luna a las letras y transgredir así, toda norma lógica. Convirtiéndose en abecedario inventado para imaginar la palabra escrita, pintan su imagen en sepia bajo el título Mitos azules. Volar amarrados a la voz bajo el crepúsculo del amor, entre cada uno de los poemas y así bucear tu vientre, paraíso nocturno. La primera sección del libro Crepúsculo de amor de Mónica López Bordón nos muestra que apuesta alto, comienza con un órdago con el que intuimos la ambición de esta poeta que no decae en todo el trayecto. Incluso termina la sección con un hermoso ejemplo donde nos confiesa: Cada vez me voy inclinando más sobre la hoja/ es la entrega de la sangre.....Ahí soy la poeta que ama, y montada en esa frase llega al final "a ella nunca, nadie la alcanzará". Lo sabe, la escritura es inmortal, el hombre no. Así que para sostener tan grande ambición hay que tener también gran capacidad de trabajo, cosa que demuestran ambas en este libro. Lo más indicado es escribir, entregarse y, para ello, aprender a soportar la angustia previa a la creación. Mónica nos muestra el camino, nos explica en diferentes versos cómo llegar hasta el poema: Escribo en tus alas mi nada/ mujer invisible, Devoro los itinerarios de nuestros viajes, Vencida al viento sordo/ escribo un poema. Mansamente, eclipsada por el esfuerzo, pero todavía con fuerzas, se atreve en el que da título al libro a juzgar a los dioses, a denunciar sus acciones, cual mirlo blanco que despliega tímidamente sus alas para conjugar, con voz temblorosa ese verso que sentencia. La segunda sección Amarrada a tu voz de Carmen Ortigosa comparte similitud y antinomia con la primera parte, mismo taller, mismo coordinador, pero diferente poesía, diferente poeta. A tiempo, como el trigo y la rosa, Carmen se muestra satisfecha como enamorada magia de la noche. En el poema Desviando la mirada, dedicado a Miguel Oscar Menassa nos marca su posición: Hoy bailo esta danza de colores salvajes/ al oído del tiempo. El color y el tiempo invaden sus versos, consiguiendo unir en esa conjunción un propósito de vida: Es la edad de la senda/ cuajada de hoja de otoño/ no desvío la mirada/ está inmersa en la explosión del color. Como si de un despertar se tratase, sus poemas descubren palabras unidas a otras palabras pero ella duda ¿Será posible despertar?/ Tendré que arder en la palabra. Morir para ser en cada verso, ante la precaución precisa que el poema ofrece, voz del poema, arrebato de pasión. En Permiso para vivir confiesa: Con más amor que versos/ recorro el diálogo/ y aúno las palabras, despacio, / que no se rompan. Delicada aunque firme en sus convicciones reconoce que el poema por más que rezume aromas de distancia, esta vez lleva su nombre. Era la primera vez, nos dijeron y, nosotros las creemos porque siempre es la primera vez: Con la piel rozándose a cada instante/ fusionamos letras y color/ fuego de luz en tus ojos, poesía. Felicidades a ambas.
Magdalena Salamanca
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