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LA MUERTE TAMBIEN VIAJA EN TREN
11 de marzo de 2004
¿Quién dijo muerte?
Amaneció una incipiente mañana,
el crepúsculo se ilumino de estruendo,
brusco despertar de la cuidad, encrucijada de muerte.
Un lienzo se tendió para cubrirnos la cara,
en formación los grises acudieron a la llamada,
trazos de feroces dragones enfurecidos
dibujan el dantesco fantasma de la destrucción.
Todas las bocas callaron.
Se colgó de los parpados el horror.
¡Serán héroes de la patria!
Caminaban al trabajo, al estudio, a sus mercaderías.
Una bocanada de sangre se hizo muerte
los meterán en cajitas de muerte,
y mas muerte ungida de muerte los enterrara.
Habrá flores exultantes de color y belleza en la despedida.
Mercaderes se apropiaran de sus harapos,
vendiéndolos como túnicas de seda.
En una lapida de olvido quedaran sus nombres
famélicos secándose al sol.
Esparcidas en una vía sin retorno
quedaron manos, piernas, lágrimas,
hierros retorcidos, madres sin vientre.
¿Quien escribirá el último epitafio?
¿De que mano saldrá la sentencia?
¿Como pondremos el pan sobre la mesa?
Y quien dirá mañana la vida continua
sin que se revuelvan las entrañas.
Triste será el despertar,
como bandera de libertad sobre el desierto.
Entonces el hueso unido al cuerpo
lanzara gemidos, roncas las gargantas,
todos los ojos atravesados de luto y llanto
no habrá suficiente condena que lamente la perdida.
Mañana la tinta correrá sobre el papel,
la foto encenderá el iris con puñales de fuego.
Todos nos levantaremos con el canto del gallo,
Iremos a trabajar, pensaremos el dinero,
y fingiremos que nada ha sucedido.
El dolor más punzante lo guardaremos
al refugio de miradas acusadoras.
En las entretelas del abismo
sepultaremos los muertos,
Volveremos al camino,
raspando las huellas de nuestros dedos,
sacudiremos de la conciencia el entrecejo
plancharemos el pellejo como camisa de domingo.
Sabremos de lo infinito y lo humano,
Y escribiremos del amor y del deseo.
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