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TRES PASOS EN LA OQUEDAD
El mágico esplendor de los colores, me saluda,
rezuman cascabeles y van inundando mis pupilas.
Allí lloré entre las flores la acuarela de mi nacimiento,
los limites marcados de la frente descarnada.
Nada pesa tanto como mis manos vacías,
o mi grito pálido en la inmensidad de la noche,
o el abandono de la cercha en el nacimiento de la vida.
Todavía quisiera beber de tu fuente de esperanza.
Vi alejarse el fantasma, así como llegó
envuelto en el ocaso de los días malvas,
rastrero y mísero se llevó mi piel desgarrada.
Quedé nostálgica del deseo, invisible en la orilla.
Solo quiero contemplar esos inmensos ojos del mar,
quedar arropada de la risa bienhechora de tus manos.
Di tres pasos en la oquedad con pies de orquesta y espadas
poniendo letra a letra, alma sangrante de poeta.
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