|
EL VINO DE LOS AMANTES
Entre tu cuerpo y mi sueño
rompe del amanecer mi vuelo,
Suena mi corazón con un tintineo
de cascabeles de furia.
Esta lluvia lenta apacigua mi voracidad.
La voluntad sigue rastros en la arena,
dibujo tu perfil de emperador
sobre la densidad de mis manos.
Me arroparon siglos baldíos
de llantos sin tierra,
de ciudades en llamas.
Sobre los escombros renazco.
Empiezo de tu tiempo,
mi tiempo de mortal hembra.
Tengo la boca llena de edad
marcada por una estirpe cegadora.
Bebamos mi amor
el vino de los amantes,
esa ambrosía que despierta
los placeres y enciende los cuerpos,
templa la fragilidad del amor,
atiza de pasión los ojos irisados.
Persigo una indescriptible respuesta,
amaina el temporal que me cegó.
A mi deseo le hiere la quietud de la noche,
la leyenda de ciudades malditas,
el sudor de la inútil fatiga sobre la roca.
|