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VOCES DE LA AURORA
A la memoria de Enrique Ortigosa Chica
Lentamente nacía el día para mí,
los Kilómetros enmudecían
si mi anhelo palpitaba.
Toda la ternura me abraza en la llegada
Pisé tus calles de asfalto encallecidas.
Nadie sabrá de la vulgaridad de mis penas,
aunque ellas viajan en mi sombra,
y mis reliquias se visten de amarillo.
Cruzo “el Boquete” enamorada,
estalla el barbecho en mis ojos,
el color del fruto y el sudor de mi gente
me estremece hasta los nudos de mi espalda.
Convoco una mañana de plata,
una mujer de mirada azabache
me reconoce entre tantas.
Me mira en ti al pasar de los años.
Me dicen que has muerto
que en tus últimos días,
paseabas la chaqueta por el Llano,
dentro, eras un hombre consumido.
No esperaste mi llegada.
Ya, ni mis brazos ni mis piernas
formaran parte de tu cuerpo,
ni la risa del motor dará energía a tu vida.
La felicidad brotó en el dolor de mi alma,
llegué tarde a tu vida, pronto a tu muerte
y me acunaron brazos con olor de albahaca.
Ahora se mi nombre y mi apellido
La tierra se abrió para que plantara mi raíz.
el Polje se engalana de arco-iris.
Ahora es tiempo de esperanza,
la tierra pare sus frutos.
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