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LA METÁFORA DE LA BOTELLA MEDIO DE CRISTAL
A esa hora en la que amanece
cuesta tanto despegar los huesos,
pegar la carne al traje limpio,
acompañar el día de costumbre,
doblar el mapa por el oeste
cuando huele a pan tierno.
En esa hora en que la botella
desvía la mirada por una bóveda
de jazmín y hierbabuena.
El suelo de broza unta los pies
frena los pasos en un atajo impasible que
embarga las islas de los sueños.
Cuando llega la hora del equinoccio fugaz
después del parpadeo de la encrucijada
las emociones despiertas palpitan
a medio gas frágil como un cristal.
Vulnerable en su centro inmortal
blasfema sobre la igualdad de su mitad.
De horas inciertas baja un cielo de estrellas,
corta el aliento del amante arrebatado.
Despega sus manos del cuerpo encorvado
y vuela sobre milenios de hambre y sed
con la piel en carne viva gastada de silencio
en los recovecos del tiempo con olor a mies.
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